La escultura de Cristina Cuadra: el espacio, la natulaleza y los seres humanos

Por: María Dolores G. Torres

La escultura y el espacio público.

El diálogo entre la obra y el espacio público arranca de las múltiples propuestas iniciadas en la década de 1960 cuando los escultores comenzaron a obviar deliberadamente el espacio cerrado del taller y las galerías para expresarse a través de materiales distintos, creando un nuevo tipo de obras que debido a su monumentalidad requerían nuevos espacios. En consecuencia, los escultores no sólo evitaron los espacios cerrados sino también los espacios urbanos para centrarse en el paisaje natural y convertirlo en el centro de su obra de arte, utlilizando materiales procedentes de la tierra – piedras, troncos de árboles, hojas, ramas y la tierra misma- para crear obras y acciones de carácter artístico. Bajo los nombres de Earth Art y Land Art se cobijaron una serie de manifestaciones y acciones artísticas donde el paisaje natural incontaminado por la civilización industrial “era el soporte adecuado para unas obras cuyos materiales sugerían inevitablemente el paisaje” (1).

La creación de obras-paisaje implicó tanto la intervención directa del artista en los grandes espacios abiertos así como una nueva forma de difundir las obras de arte a través de la fotografía, los documentales, los videos y la televisión. Esto se debe a varias razones: ya sea porque las obras se habían realizado en lugares alejados del área urbana o porque su temporalidad estaba condicionada por los factores climáticos, las irregularidades del terreno o los fenómenos naturales. Al no tener un carácter perdurable, los factores mediáticos llegaron a constituir un fuerte mecanismo de difusión. Asimismo, se desarrolló el concepto de obras Site (Lugar/obra exterior) para definir aquellos trabajos realizados en un espacio abierto (una cantera, una mina abandonada, un bosque) que tenían un carácter inamovible pues fueron concebidos y construidos en un lugar específico y por tanto no eran transportables. Posteriormente, surgen las obras Nonsite (no lugar/obra interior), realizadas con materiales procedentes de una localidad y un lugar determinado –Site- y que posteriormente fueron trasladados al museo o galería como obra artística, acompañados de una explicación acerca del lugar, junto con un mapa o una maqueta de manera que el espectador pudiera “viajar” conceptual o imaginariamente al sitio de donde procedían piedras, troncos de árboles, trozos de madera, tierra o arena. Estos materiales, dispuestos en recipientes o en cajas, conformaban una instalación real y permanente frente al carácter efímero del Site, documentado a través del video o la fotografía.

En cualquiera de los casos, la relación entre la naturaleza y el espacio abierto se convirtió en una nueva utilización del paisaje con una connotación ecológica que abarca desde los fenómenos naturales hasta los fenómenos sociales, con el propósito de sensibilizar al espectador expandiendo los límites del arte, al utilizar materiales y procedimientos no tradicionales para propiciar nuevas experiencias visuales. Se trata tanto de fomentar una nueva percepción del paisaje a través del contacto con la tierra y los ciclos anuales como de percibir la naturaleza en términos psicológicos, míticos, culturales e históricos mediante asociaciones con los lugares y su propia arqueología.

Las primeras apropiaciones del espacio en la obra de Cristina Cuadra.

Cristina Cuadra (1966) se inició como escultora a partir de 1993 y desde el principio tuvo una especial predilección por los espacios abiertos y por una escultura en armonía con el paisaje y con la ecología. Según afirmación de la propia artista, “existe un ritual de ornamentación y sanación mediante actos lúdicos, mágicos y propiciatorios dirigidos a la Tierra para crear nuevos lazos de unión con el ser humano” (2). Este contenido ritual está presente en el conjunto escultórico “Desde tu breve verticalidad” (1993), una de sus primeras obras, donde se materializa la unión entre el cielo y la tierra a través de una larga red de color azul intenso que actúa como elemento intermediario. Mediante este trabajo monumental se reconcilia la naturaleza terrestre y la cósmica, el paisaje deja de ser un elemento pasivo de la acción artística y se convierte en un factor activo dentro del proceso creativo.

En esta primera etapa, no está ausente la escultura de tipo minimalista y la obra “Muros en movimiento” (1993), formada por piezas monumentales y geométricas, presenta un particular comportamiento espacial. La simplicidad formal, la inclinación y la falta de equilibrio entre una pieza y otra aluden a la inestabilidad producida por los movimientos telúricos: concretamente, al terremoto que devastó Managua en 1972 y que tuvo una repercusión especial en la percepción del mundo y de la vida por parte de la artista.

Dentro de las obras consideradas como Site (obra exterior) se encuentra “Un color a la memoria” (1997), que conlleva la intervención en un espacio público –un edificio destruido por el terremoto de 1972- junto con la acción artística. La colocación de unas flores de plástico de varios colores –azul, rojo, amarillo y violeta- en lo que fuera el edificio de La Protectora (una compañía de seguros) se convirtió en una forma de crear conciencia social, de embellecer las ruinas y dignificar a los indigentes que las habitaban. Asimismo, la participación activa del Cuerpo de Bomberos en la acción plástica deviene en una forma de socializar el arte como instrumento de cambio. La instalación titulada “El juguete de Ana” (1997) es la réplica del edificio en ruinas y su protagonista es una niña que habitaba dentro de los escombros. Para Ana, los restos del edificio no sólo eran su hábitat sino su zona de juego: su mayor diversión consistía en subir y bajar gradas y observar desde lo alto el paisaje lacustre de Managua. Sus idas y venidas están documentadas en las diversas fotografías que rodean el “esqueleto” de la antigua construcción, para eternizar lo momentáneo y formar un registro socio cultural.

Los objetos y los materiales: sus propiedades y significados.

A partir de 1997, Cristina Cuadra comienza a introducir en sus obras cristales de cuarzo y otras piedras semipreciosas como elementos materiales portadores de energía positiva. No son un adorno y pueden considerarse objetos-escultura que revelan significados metafóricos y promueven la reflexión. En la pieza “Retorno a la levedad” una escoba con palo de madera y paja de trigo, con pequeños cristales de cuarzo insertados entre las fibras, mantiene la doble presencia de lo cotidiano y lo mágico: barrer y limpiar, elevarse y volar, hasta convertirse en un instrumento liberador. La noción de esculpir, en este caso, puede ser interpretada a la manera de Joseph Beuys: no sólo como proceso evolutivo sino “la forma cómo modelamos nuestros pensamientos o cómo labramos el mundo en que vivimos” (3).

Junto al universo de los objetos, Cristina mantiene el diálogo entre lugar/obra exterior (Site) y no lugar/obra interior (Nonsite) en diversas obras relacionadas con la topografía de Managua y otros lugares aledaños. Así, en “Collares de Managua” y “Cristales en la Catedral” la artista transfiere a sus intervenciones un carácter de arqueología metafísica al reseñar el lugar específico y aunar, al mismo tiempo, la cartografía, la escultura y la arquitectura mediante una nueva percepción de la naturaleza y del paisaje urbano. En la primera obra, el mapa de Managua surcado de las fallas geológicas causantes de los terremotos de 1931 y 1972 ha sido intervenido con cristales de cuarzo de colores, insertados en las líneas donde están ubicadas las fallas con el propósito de curar una ciudad herida. Igualmente, los cristales insertados en las grietas de la vieja catedral, uno de los pocos edificios sobrevivientes despues del último sismo, también tienen un carácter sanador y en ambos casos son objetos amigables que propician una visión más humana de la realidad, no exenta de magia y fantasía, mediante un proceso de sanación y regeneración.

Nuevamente las intervenciones en el espacio exterior mantienen su doble carácter de Site/Nonsite al ser registrada la acción mediante la fotografía como el caso de las fallas geológicas en “Cirugías a la Cuesta del Plomo” y las del “Sendero ecológico de Catarina”, donde se mantiene el mismo proceso de sanar y regenerar la tierra, al adornar sus grietas con collares, rocas de cristal de cuarzo rosado y calcita anaranjada. Se trata, además, de hacer algo que cambie el entorno y transformar el Site en una obra de arte no sólo mediante la participación de la propia artista sino a través de la colaboración de instituciones que forman parte de la sociedad civil tales como el Cuerpo de Bomberos, quienes con su ayuda se convierten en protectores de la naturaleza y de la misma sociedad porque saben como controlar los elementos naturales.

Según Cristina Cuadra, si “el artista produce sensibilidad, el bombero la resguarda” al convertir el ejercicio estético en un ejercicio lúdico, especialmente cuando se construyen otros rituales y otros hábitos que tienden a modificar la realidad. Los columpios colocados en medio de una enorme grieta, colgados de una escalera de bomberos -Columpio en el Mombacho- o de las ramas de un guanacaste o de una gran ceiba (árbol sagrado dentro de la Cultura Maya) mantienen un diálogo con el espacio circundante y una relación más directa con la naturaleza pues el movimiento del columpio interactúa con la fuerza de la gravedad y la fuerza telúrica de manera que las personas se mecen entre el cielo y la tierra. El carácter performático, iniciado con la participación de los bomberos, actúa nuevamente con un sentido lúdico y liberador, al promover un arte dinámico que sirva para educar al ser humano y a la sociedad.

Una idea semejante se muestra en “La cantera de San Sebastián”, donde por cada piedra extraida se mantiene el compromiso de regenerar el bosque y evitar su destrucción. Asimismo, los trabajadores comprometidos con la preservación, realizan el ritual de adornar el entorno con madejas de artiseda, uniendo la zona devastada con el bosque recuperado como parte de un proceso de sanación. Al mismo tiempo, crean un arte eminentemente participativo al convertirse en parte del proceso encaminado a curar las heridas causadas por el materialismo y salvar a la sociedad ante la pérdida de los valores espirituales. Tanto en los columpios como en la cantera, el concepto de escultura Site/Nonsite sigue vigente pues el espacio exterior donde se realizaron las intervenciones ha sido documentado a través de la fotografía, dejando testimonio visual de todo el proceso creativo-regenerador.

Con estos trabajos y acciones plásticas de Cristina Cuadra, estamos ante la transformación de la escultura tradicional: ya no se trata de un medio de expresión estático e idealizado sino de la creación de un espacio dialogal y escenográfico que coloca al espectador y al artista ante la naturaleza y ante el mundo para propiciar un concepto ampliado del arte.

Maria Dolores G. Torres

Historiadora de Arte

Universidad Centroamericana (UCA)

Managua, Nicaragua

Notas:

1- Robert Morris, “Notes on Sculpture. Part 4: Beyond Objects”. Artforum, abril 1969, p. 51.

2- Cristina Cuadra. “Experiencia estética: de los actos de la Naturaleza a los actos Volitivos”. Declaración de la artista, p.5, s/d.

3- Joseph Beuys, Declaración de Beuys publicada en el catálogo de su exposición en la Galería Anthony d’Offay. Londres, agosto 1980.

Obras.

1- Un color a la memoria. Serie: Intervenciones de flores II y III. Ruinas del antiguo edificio de La Protectora. Managua, 1997.

2- El juguete de Ana. (2.1 y 2.2). Conjunto de fotografías tomadas a Ana en el edificio en ruinas de La Protectora. Maqueta de madera con cristales de cuarzo, 100×120 cm. Managua, 1997

3- Retorno a la levedad (3.1 y 3.2). Escoba de madera y trigo con cristales de cuarzo, 100 x 35 x50 cm. Managua, 2000. 3.2- Detalle de la escoba.

4- Collares de Managua. Mapa de las fallas geológicas de Managua, con cristales de cuarzo insertados, 170 x 120 cm. Managua, 2005.

5- Cristales en la Catedral (5.1 y 5.2). Intervención con cristales de cuarzo en las ruinas de la antigua Catedral de Managua, 2005.

6- Flores en la Catedral. Serie: Intervenciones de flores. Managua, 1997.

7- Cirugías en la Cuesta del Plomo. Site, 2007.

8- Sendero ecológico de Catarina. Site, 2007.

9- Proceso de recuperación maga. Acción plástica con los Bomberos, 2007.

10- Columpio en el Mombacho. Site. 2008.

11- Columpio en las ramas de un árbol de guanacaste. Site, 2008.

12- La Cantera de San Sebastián. Site, 2008.

13- Detalle de la instalación. Cantera de San Sebastián. Site, 2008.

14- Trabajador de la cantera con madejas de artiseda. Acción plástica in situ, 2008.

This entry was posted on Lunes, Diciembre 26th, 2011 at 6:11 pm and is filed under Textos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site. Both comments and pings are currently closed.

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